Vlad, de sobrenombre El Empalador, era también conocido como Draculaea, que en rumano significa hijo del demonio. Este tirano fue en quien se basó Bram Stocker para escribir su mundialmente conocida novela "Drácula".
Son pocos los datos que tenemos sobre este personaje, pero en Mazhuka Server hemos realizado una recopilación de ellos para dártelos a conocer.
Fue rehén de los invasores otomanos hasta los diecisiete años de edad, cuando logró tomar brevemente el trono de Valaquia, perteneciente en la actualidad a Rumania, desde 1452. Le depusieron rápidamente. Sin embargo, en 1456, tras la Batalla de Belgrado, Vlad ascendió de nuevo al trono, tras matar a su contrincante Vladislav II y no lo abandonó hasta 1462
Se dice que en esos diez años ejecutó a 40.000 personas. Nadie quedó libre de su brutal sadismo: prisioneros capturados en las guerras con los invasores turcos, nobles de su propia corte, incluso sacerdotes y personas reverenciadas.
Después vivió en el exilio hasta 1474, momento en que se lanzó de nuevo a la batalla para recuperar el cargo, lo que conseguiría en 1476. Sin embargo, en diciembre de este año caería luchando contra los turcos, rodeado de su leal Guardia Moldava.
Vlad se hizo famoso por tres cosas:
Su increíble arrojo y valentía (murió luchando con un escaso millar de hombres contra un ejército de casi medio millón, algo que había hecho antes varias veces... con éxito)
Su implacable sentido de la justicia
Su extraordinaria crueldad, capaz de llamar la atención incluso en aquellos tiempos sangrientos.
Como su apodo indica, su argumento contundente favorito era el empalamiento, una técnica de tortura y ejecución que consiste en introducir un palo afilado por el ano o la vagina hasta la boca o el hombro, fijarlo a la carne con un clavo y después levantarlo para que la víctima muera allí lentamente, entre dolores atroces. Al menos cien mil personas, y probablemente muchas más, murieron de esta manera a manos de los hombres del Empalador: enemigos, traidores, delincuentes de todo tipo y las familias de todos ellos, incluyendo a los bebés.
A Vlad le gustaba organizar empalamientos multitudinarios con divertidas formas geométricas. La más común era una serie de anillos concéntricos de empalados alrededor de las ciudades a las que iba a atacar, pour encourager l'esprit. La altitud de la estaca indicaba el rango que la víctima había tenido en vida. Con frecuencia, Vlad los dejaba pudriéndose durante meses. Un ejército turco que pretendía invadir Rumanía se volvió atrás, aterrado, cuando encontró a varios miles de empalados descomponiéndose en lo alto de sus estacas, a ambas orillas del Danubio. En 1461 Mohamed II, el conquistador de Constantinopla, un hombre al que no se le conocía precisamente por su repugnancia ante la efusión de sangre, se volvió a la susodicha ciudad enfermo de violentos vómitos ante la visión del Bosque de los Empalados. Este peculiar "Bosque" era un valle donde se habían talado todos los árboles para obtener estacas. Estacas suficientes para empalar a los 25.000 prisioneros turcos y sus familias que yacían allí mismo, repartidos por todo el valle, en lo alto de los palos.
Otros 10.000 fueron empalados en Sibiu, en 1460. Un hecho menor, pues el Día de San Bartólomé de 1459 Vlad había hecho empalar a los 30.000 habitantes de Blasov, una ciudad transilvana que se había rebelado contra él, y a continuación organizó un festín en el centro de este nuevo Bosque de Empalados aún aullantes, frente a la tarima donde un verdugo descuartizaba lentamente a los cabecillas de la sublevación y sus familias. La peculiar celebración duró hasta muy entrada la noche, cuando, para iluminarse, Vlad y su ejército prendieron fuego a la ciudad ante los ojos de sus 30.000 agonizantes ciudadanos.
Aunque el empalamiento era, evidentemente, la diversión favorita de Vlad, también gozaba con la aplicación de otros métodos a quienes de un modo u otro le habían hecho enfurecer, normalmente en la intimidad de sus castillos. A unos enviados papales que se negaron a descubrirse en su presencia, "pues ellos sólo se descubrían ante Su Santidad", Vlad los devolvió a Roma con los gorros clavados a los cráneos. Un buen día, un comerciante extranjero se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. El príncipe le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó, los ladrones y todos los miembros de sus familias estaban empalados en el patio de castillo. Frente a ellos, Vlad en su trono y la bolsa robada.
Entonces el Empalador le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidadosamente y, probablemente demasiado asustado para mentir, musitó finalmente:
-Sobra una.
Vlad le contestó:
-Tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela, habrías acabado en la estaca más alta, junto con éstos.
Entre los métodos de tortura favoritos del Príncipe de Valaquia se contaban también la amputación de miembros, narices y orejas; la extracción de ojos con ganchos al rojo; el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especialmente de las mujeres. Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probablemente debido al hecho de que le duraban muy poco. Incluso cuando estaba prisionero o en el exilio, se dedicaba a torturar y mutilar pájaros y otros animales pequeños para dar satisfacción temporal a su peculiar hobby.
Justicia y sadismo, sangre y tortura, bosques de empalados y valentía sobrehumana. Los historiadores que defienden a Vlad III el Empalador como un héroe nacional destacan que, en aquél tiempo y lugar, el ejercicio del terror total era la única manera de mantener a raya a las fuerzas abrumadoramente superiores que, desde un lado y otro, se disputaban las puertas de Europa y de Asia. Desde esta perspectiva, Vlad Tepes habría sido simplemente un hombre de su tiempo, con la moral de su tiempo e incluso dotado de un sentido de la justicia y el patriotismo poco usual para época tan convulsa, quien hizo estrictamente lo necesario para acobardar a los masivos ejércitos extranjeros y los desestabilizadores del interior. Creando a su alrededor un aura demoníaca, logró que unos y otros se lo pensaran dos o más veces antes de atacarle. Paralelamente, la leyenda de Draculae, hijo de Dracul, el Dragón, el Diablo, el Vampiro, pudo surgir. Como mínimo desde 1460, sus enemigos en el exterior y en el interior estaban convencidos de que Vlad disponía de poderes necrománticos, pues sólo así podía explicarse su conducta, y pensaban que su reducido ejército diurno quedaba reforzado durante la noche por las cien mil almas de sus víctimas convertidas en raptores de niños y doncellas, chupadores de sangre, fantasmales guerreros de la oscuridad en busca de implacable venganza contra los vivos. El concepto moderno de vampiro había nacido.
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