Pese al tiempo transcurrido, el expediente del caso Manises sigue abierto. Y es lógico: nos enfrentamos al episodio más completo y complejo de la historia ufológica española. Un hecho que podríamos resumir del siguiente modo: 11 de Noviembre de 1979. Un inmenso OVNI provocó el aterrizaje de emergencia de un avión de pasajeros en Valencia; cuarenta personas, desde tierra, observaron extrañas luces sobrevolando el aeropuerto; un caza de combate persiguió a tres extraños artefactos volantes durante casi dos horas…
A continuación tienes un extenso artículo en el que hemos incluido el audio de las conversaciones mantenidas entre el avión de pasajeros y la torre de control.
A las 23:00 horas, el TAE-297 finaliza su escala en Palma de Mallorca y despega ya con rumbo a Tenerife. La noche presagia calma: el cielo está completamente despejado, apenas hay viento y la visibilidad es especialmente buena. Todo apunta a un viaje completamente rutinario y tranquilo. El “Caravelle” comienza a sobrevolar el Mar Mediterráneo y todo parece indicar que llegará al Océano Atlántico y a las Islas Canarias sin ningún tipo de problemas.
Pero cuando se llevan apenas 20 minutos de vuelo, algo sucede en la cabina del avión: se recibe un mensaje a través del canal de emergencia. El comandante Tejada no logra interpretar el mensaje, que no tiene sentido, pues quien envía la señal parece desconocer el código Morse. Pero una señal en el canal de emergencia sólo puede tratarse de un S.O.S. La señal, además, procede de algún punto situado justo en la trayectoria del TAE-297, lo cual implica un cierto riesgo de colisión, ya que se trataría de un avión que vuela en la misma dirección al mismo tiempo.
El comandante decide apagar las luces de la cabina para tener una mejor visión del cielo nocturno y localizar al supuesto avión que ha emitido la señal. Es entonces, con las luces apagadas, cuando el mecánico del avión, F.J. Rodríguez, divisa dos extrañas luces rojas situadas a la izquierda del TAE-297. Tanto el comandante Tejada como sus acompañantes observan las luces: el comandante calcula que corresponden a un aparato de la envergadura aproximada de un “Jumbo”. Además, las luces parecen estar acercándose progresivamente al avión.
Ante la posibilidad de una colisión, el comandante Tejada ya se pone en contacto en primer lugar con Palma de Mallorca, desde donde le desmienten que haya ningún vuelo en ese momento. Después, el comandante se comunica con el Centro de Control de Vuelo de Barcelona, para preguntar por la presencia de otros aviones en la zona. Desde el Centro de Control le responden que no hay ningún tráfico previsto esa noche. Desde el TAE-297, sin embargo, Tejada sigue insistiendo en que hay un avión a su izquierda, que parece acompañarles a poca distancia.
Dado que el extraño “tráfico” que parece escoltar al TAE-297 no se desvía ni muestra la más mínima intención de hacerlo, el comandante Tejada decide aumentar la velocidad de su aparato y ascender a una altitud de 28000 pies. Con esta maniobra, Tejada intenta dejar atrás al avión desconocido y proseguir su vuelo con normalidad. Para su sorpresa, las luces rojas aceleran a velocidades inusitadas y asciende mucho más rápido que el TAE-297 hasta situarse de nuevo junto a él, tan cerca que tejada teme por un instante que se produzca una colisión. Visiblemente preocupado, el comandante solicita autorización para desviar su rumbo y realizar un aterrizaje imprevisto en el aeropuerto de Manises, en Valencia.
Con el permiso del Control de Vuelo de Barcelona, el TAE-297 se encamina al aeropuerto valenciano.
Mientras, y ante lo alarmante de la situación, las autoridades aeroportuarias se ponen en comunicación con la Defensa Aérea. Avisan al Centro de Operaciones de Torrejón de Ardoz, para informarles del incidente. En un primer momento, el Centro de Operaciones no detecta nada anormal en sus pantallas de radar. No obstante, el oficial al mando esa noche ordena que se siga rastreando insistentemente el espacio aéreo y contacta con el Escuadrón de Vigilancia Aérea (EVA-5) de Benidorm (Alicante), para realizar un rastreo coordinado. En ese instante, el EVA-5 cree detectar en torno al TAE-297 entre tres y cinco señales correspondientes a objetos voladores.
Cuando el “Caravelle” se acerca a Valencia, las luces desaparecen y el aterrizaje en el aeropuerto de Manises transcurre con normalidad. A las 23:45 horas, el “Super Caravalle” TAE-297 procedente de Salzburgo y Palma de Mallorca toma tierra en Manises, el aeropuerto de la ciudad de Valencia.
El esa noche director en funciones del aeropuerto, Miguel Morlán, desciende directamente a la pista para recibir a la tripulación del TAE-297 y ser informado acerca de lo ocurrido. Morlán escucha con asombro el relato de los pilotos, pero aún no sabe que él mismo también será esa noche testigo de sucesos extraordinarios.
Los pasajeros, por su parte, se muestran en un principio indignados por el súbito aterrizaje y el enorme retraso que ello acarreará. Pero su indignación se torna en asombro al enterarse de que les está esperando personal militar para interrogarles, y de que la interrupción de su vuelo no ha tenido unas causas muy habituales precisamente. De las preguntas que se hace a los pasajeros, se deduce que en ningún momento han sido conscientes de lo que pasaba ni de que el avión tenía problemas. Tan sólo dos mujeres reconocen haber visto a través de la ventanilla unas luces rojas, pero que no les habían dado ninguna importancia y habían seguido pensando en sus cosas.
Para escuchas las conversaciones que quedaron grabadas en la caja negra del avión haz click en los siguientes enlaces:
Días después, mientras una comisión oficial investigaba el suceso, otro piloto de guerra español perseguía a un inmenso OVNI y varios de estos artefactos sobrevolaron Madrid con tal descaro y provocación que a punto estuvieron de provocar un auténtico conflicto aéreo sobre la capital. Y todo esto, tan sólo, en el plazo de 17 días.
Han pasado más de dos décadas, y los hechos ocurridos entonces no sólo siguen siendo considerados los más desconcertantes de cuantos ha deparado la ufología española, sino que los investigadores siguen -seguimos, si me lo permiten- polemizando sobre la naturaleza de una serie de fenómenos en todo punto -en nuestra opinión- inexplicables.
El episodio de Manises le servirá al lector profano para hacerse una idea de la magnitud y espectacularidad del fenómeno OVNI. Sin más demora, adentrémonos en el análisis de este suceso.
- "Prefiero no continuar con este tráfico que me está siguiendo"
“Ningún avión de la IV Flota ni ningún navío de la U. S. Navy se encontraban en la zona durante el incidente", se apresuró a explicar por escrito el máximo responsable de la USAF en España cuatro días después de que un avión Super-Caravelle de la desaparecida compañía TAE, con 109 pasajeros a bordo, se viera obligado a aterrizar en el aeropuerto valenciano de Manises (Valencia) pocos minutos después de despegar de Son San Joan (Mallorca) rumbo a Tenerife. Los hechos, como antes decía, ocurrieron el 11 de noviembre de 1979.
En realidad, comenzaron dos horas antes del despegue del mencionado vuelo, cuando el Servicio de Alerta y Rescate de Madrid informó sobre la existencia de una señal de radio de alarma emitiendo en la frecuencia 121.5 a unos 70 kilómetros al noreste de Valencia, en pleno Mediterráneo.
La odisea podría haber quedado en eso, en mera anécdota. Pero la pregunta del piloto de la TAE, Javier Lerdo de Tejada, pocos intantes después de las 23.00 horas solitando información sobre un tráfico no identificado que volaba en rumbo convergente -en pocas palabras, en dirección al avión- hacia él activó todas las alarmas. Además, también él escuchaba a través del canal de emergencia aquella extraña señal de radio.
La pesadilla duraría ocho interminables minutos. Durante ese tiempo, el artefacto, del tamaño de un Jumbo y con dos intensas luces rojas a los lados, subió y bajó respecto al avión, adelantó y retrocedió hasta acercarse a la peligrosa distancia de 200 metros del Super-Caravelle.
Temiéndose lo peor, el piloto tomó una drática descisión: -¡No continuo, con este tráfico que me está siguiendo prefiero no continuar! -exclamó Lerdó de Tejada.
Nadie en Centro de Control de Barcelona, que centralizó todas las comunicaciones durante el incidente, rechistó la decisión del comandante. Al fin y al cabo, de él dependían aquellos 109 pasajeros, turistas austriacos en su mayoría.
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