En 1826 el sueco Carl Gustaf Mosander (1797-1858), discípulo de Jöns Jacob Berzelius(1779-1848), descubrió que el cerio contenía dos nuevos elementos. A uno lo denominó lantano, del griego yacer escondido, y al otro didimio, gemelo en griego, por su gran parecido con el lantano.
Durante muchos años el didimio, de símbolo Di, fue tomado como un elemento químico y como tal apareció en muchos libros y publicaciones científicas.
En 1878 el espectroscopista francés Marc Delafontaine creyó encontrar en el didimio un nuevo elemento que denominó decipio (del latín engañar) que con el tiempo resultó ser una mezcla de elementos unos ya conocidos y los otros no.
En 1879 el francés Paul-Émile Lecoq de Boisbaudran (1838-1912) desenmascaró el decipio. Estudió y purificó didimio obtenido de la samarskita y aisló un elemento contenido en el didimio y que por su procedencia denomino samario.
El suizo Jean-Charles-Galinard de Marignac (1817-1894) al purificar el samario descubrió un nuevo elemento, a quien Boisbaudran denominó Gadolinio en honor al finlandés Johan Gadolin, pionero del estudio de las tierras raras (lantánidos y actínidos).
En 1885 el austriaco Carl Auer, Freiherr von Welsbach (1858-1929) informó que había dividido el didimio en dos componentes. A uno de ellos le llamó praseodimio, por el color de sus sales (del griego gemelo verde). Al otro componente le denominó neodimio (nuevo gemelo).
En la historia de la química se conocen más de cien elementos que hoy en día, como el didimio, han dejado de serlo. Entre otros celtio, damario, demonio, donario, incógnito, cosmio, masurio, filipio, niponio, rusio, nigrio, norio, pelopio.
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