El extenso recorrido de los cinco monje-soldado por varios reinos después de la clausura del concilio de Troyes fue verdaderamente triunfal. Fueron acogidos con entusiasmo y generosidad desbordantes por reyes, obispos, príncipes, nobles y el pueblo, prácticamente sin excepciones. Las hazañas de los cruzados en Tierra Santa habían inundado de fervor religioso a las gentes de Occidente, y la ayuda al Temple, esa Orden que resumía y concentraba lo mejor de la Cruzada y que estaba avalada por San Bernardo y sus aliados, ofrecía a todos la posibilidad inmediata de participar en la defensa de los Santos Lugares.
Hugo de Payns se dirigió a Anjou y Maine, con gran éxito. Después recorrió Poitiers y Normandía, donde de alguna manera estaba emparentado con los duques gobernantes, así que fue muy bien atendido. Se le concedieron tierras e importantes donaciones de todo tipo, se le permitió hacer una recluta, se le abrieron las iglesias y se le dejó hablar en las plazas. Allí, Enrique I de Inglaterra le comunica que existe gran expectación por conocer al Temple en su país, por lo que el maestre se presenta en Inglaterra y Escocia, de donde consiguió traerse un buen puñado de hombres. Desembarcó en Flandes y llegó a su Champagne natal en enero de 1129, acompañado por gran número de nobles y caballeros que habían tomado la Cruz. Muchos de ellos deseaban ingresar en la Orden nada más llegar a Jerusalén.
Al mismo tiempo, los demás Templarios habían realizado un trabajo semejante regiones de origen. Godofredo de Saint-Omer en Flandes, Payen de Montdidier en Picardía. Hugo Rigaud obtuvo tal acogida en el sur de Francia, que tuvo que encomendar a otro Templario recién iniciado la continuación de su labor en España. Todavía en ese mismo año, los cinco Templarios y su contingente de selectos reclutas descienden entre el clamor de ciudades y pueblos por el valle del Ródano, para embarcarse hacia Jerusalén, donde son recibidos en triunfo en la Casa del Temple, su cuartel general, adonde habían enviado cantidades ingentes de oro y plata, para ir preparando su espléndido despliegue militar en Tierra Santa.
El primer Maestre podía sentirse satisfecho. Había dejado en occidente una amplia poderosa organización templaria en marcha, que enviaría cada vez más recursos y hombres a Ultramar. Esa retaguardia dirigida por los lugartenientes, con Hugo Rigaud como procurador de la Orden a la cabeza, extendió la presencia e influjo del Temple por las regiones ya sondeadas por la primera expedición, y poco después, por otros reinos cristianos, como el Imperio Alemán, Italia y las Coronas de Aragón, Portugal y Castilla, donde se comprendió perfectamente el mensaje templario porque la Península Ibérica era también tierra de Cruzada desde el inicio de la Reconquista.
No se conocen bien las actividades de los Templarios durante los años inmediatamente posteriores, hay poca información al respecto. Es probable que los caballeros concentraran sus recursos en la tarea para la cual habían sido destinados en un principio: proteger las rutas que solían transitar los peregrinos, exceptuando un frustrado asalto contra Damasco, proyectado por Balduino II, a la vuelta de Hugo de Payns con las fuerzas que había reclutado.
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No entiendo tu razon... Por más que lo leo no entiendo tu razonamiento así... Del aire expirado po... He leído lo de la justificación del cambio de peso... Estamos en ello... Llevo una temporada sin tiempo para poder ampliar ... incidente roswell... :? Hola, a mi me encanta estos temas, los he ledi... pla... yo me lo estoy leyenda ya, y esta muy bien la verd...